Pavimentar o poner adoquines sobre un terreno mal compactado acaba en hundimientos y grietas con el tiempo. La preparación del terreno decide más el resultado final que el propio pavimento.
Retira piedras, raíces y restos de vegetación. Quita la capa de tierra vegetal hasta llegar a suelo firme: la tierra vegetal tiene materia orgánica que se descompone y cede con el tiempo, así que no sirve como base.
La compactación funciona mejor con una humedad concreta, ni seca ni empapada. Prueba del puño: coge un puñado de tierra y apriétalo. Si se deshace al soltarlo, está demasiado seco y hay que regar un poco; si suelta agua, está demasiado húmedo.
Pasa la bandeja vibrante o el pisón primero en un sentido y después en el perpendicular, en dos o tres pasadas según el tipo de suelo (los suelos arcillosos suelen necesitar más pasadas). Para zanjas o espacios estrechos donde no entra la bandeja, un pisón manual hace el mismo trabajo a menor escala.
Si no hay una capa firme debajo, una base de granulado o tierra estabilizada de 20–30 cm, bien repartida y compactada, da un apoyo más consistente antes de colocar el pavimento o los adoquines.

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